Nuestra historia
Un potrero y once corazones
Todo empezó en 1943, en un potrero de Sarandí. Un grupo de chicos de entre diez y doce años armó un equipo de fútbol y lo bautizó «Once Corazones». Practicaban en ese mismo terreno donde hoy se levanta la sede del Instituto Atlético Cultural, sin imaginar que estaban poniendo la primera piedra de un club que iba a acompañar al barrio durante más de ocho décadas.
Eran Comaschi, Rosso Passadore, Chester, Barros, Liguori, Vales, Cladera, Muñoz, los hermanos Hugo y César Penchinatti, Pedro Iparraguirre (hijo) y otros que se fueron sumando con el tiempo. Y tenían, además, una hinchada fiel: Josefa «Pepa» Sobrado, la seguidora que los acompañaba a todas partes.
Para comprar las camisetas, los chicos golpearon puertas: vecinos, padres y comerciantes del barrio pusieron su granito de arena. Finalmente, fue Don José Cladera, comerciante y padre de uno de los jugadores, quien las donó.
De un equipo de barrio a una institución
El entusiasmo de esos chicos contagió a los grandes. Por iniciativa de Don José Cladera, se reunió a algunos padres y se conversó con los vecinos. De común acuerdo decidieron ir más allá del fútbol: formar una comisión para crear una entidad que abarcara también otros deportes y la vida social y cultural del barrio.
Al frente de aquella primera comisión estuvieron José Cladera y Manuel Vales, acompañados por vecinos de peso como Héctor Rosso, José Cid, Santiago Iglesia, Amador Sobrado, Guillermo Romeo, José Sarno, Atilio Tinicolo, Carlos Penchinatti, Octavio Masselli y Rómulo Tremi, entre otros. Trabajaron sin descanso hasta dar forma a la institución que se llamaría Instituto Atlético Cultural, con un lema que fue y sigue siendo su norte: «Todo por la cultura física y moral».
El primer gran sueño era tener casa propia. Mientras tanto, la Comisión Directiva se reunía en la casa de Don José Cladera.
El terreno de la calle Belgrano
Por entonces había varios terrenos disponibles sobre la calle Belgrano. Dos de ellos, los mismos que hoy ocupa la sede, pertenecían a Juan Pedro Santamaría. La comisión negoció con él y logró comprarlos en 120 cuotas: la primera de $96,65 y las 119 restantes de $95,75. La primera se pagó en septiembre de 1944 y la última en agosto de 1954. Para que la operación fuera posible, vecinos como Manuel Vales, Pedro Iparraguirre y José Cladera, entre otros, pusieron sus propias casas como garantía.
El 26 de diciembre de 1955, Pedro Domingo Iparraguirre y Jorge Barros firmaron la escritura en nombre del club en la escribanía Elesgaray de Avellaneda. Para entonces, el Cultural ya tenía personería jurídica: una asamblea del 14 de mayo de 1950 había autorizado el trámite, y la Dirección de Personas Jurídicas la otorgó el 9 de octubre de 1951, bajo el expediente N.º 21829.
Ladrillo a ladrillo
Desde sus comienzos, el club tuvo dirigentes emprendedores que, etapa tras etapa, fueron levantando la infraestructura que hoy conocemos. Primero llegaron dos canchas de bochas en el frente, una cancha de básquet, baños, buffet, vestuarios y un escenario por el que pasaron orquestas de primer nivel.
La pista de baile, hecha con baldosas de distintos tamaños y colores, fue impulsada por Daniel Ciampa y construida por muchos asociados que, terminada su jornada de trabajo, se quedaban a ponerle el hombro. Sobre esa pista se lucieron conjuntos de patinaje artístico de renombre, como los de Lanús y Temperley.
Más tarde se contrató a un profesional para empezar las bases del edificio. Bajo la presidencia de Roberto Abad, y con la participación de gente de todas las edades —Andrés Musacchio, Juan Vasallos, Francisco Ciampa, Francisco Morales, Antonio Loruso, Aldo Kelly, José Omar López y muchos más—, se sentaron los cimientos del Cultural que tenemos hoy.
Los años de gloria deportiva
El Cultural nació con canchas modestas, pero pronto se hizo un nombre en el básquet, con una destacada actuación en los campeonatos de la Federación Argentina de Básquetbol. Bajo la dirección de Juan Bulla, el equipo juvenil contaba con Juan y Oscar Marcote, Roberto Ferreiro, Antonio Liguori, Juan Barros y Roberto Bocalandro, entre otros. En la primera, reforzada con jugadores de otras instituciones, el club se midió de igual a igual con Cramer, Racing Club e Independiente.
También tuvo boxeadores profesionales y amateurs, dirigidos por el profesor I. Poveda. Y en las bochas, durante muchos años afiliado a la federación de ese deporte, cosechó numerosos títulos gracias a jugadores como Luis Cottet, J. M. López, Fragueiro, Funes, Comasfri, Tinicolo, Romeo, Novoa y Cazzani, que llevaron el nombre del club a lo más alto.
Quedan en la memoria las carreras pedestres por un circuito del barrio, con atletas locales e internacionales, hombres y mujeres, y la participación de Racing Club, Independiente, Talleres, UDA, Velocidad y Resistencia y Atlanta, entre otras entidades. Por el Cultural corrían Roberto Ferreiro, Juan Marcote y Juan Barros, entre otros.
El club también se hizo presente en los tradicionales juegos de salón, junto a entidades vecinas como «Estrella del Oriente», de Piñeiro.
Carnavales, aniversarios y globos de papel
¿Quién puede olvidar los bailes de carnaval de los años cincuenta, animados por el inconfundible Jacobo Chester? Los aniversarios de la fundación eran verdaderas fiestas. Y nadie olvida a Don Rudecindo Llerena, uno de los colaboradores más fervientes, que fabricaba globos de papel con los colores del club y los soltaba al cielo.
La escuelita y las damas del club
Durante muchos años funcionó en el club una escuelita —así la llamábamos— a la que asistían muchísimos chicos, primero bajo la dirección de la señorita Ofelia Barceló y después con las maestras Elba y Cristina.
Una subcomisión de damas tuvo un papel destacadísimo. La integraban, entre otras, Hermelinda Morales, Ángela Villares, Clelia, Gloria y Josefa Sobrado, María C. V. de Trezzi y Teresa Pisandelli.
Semillero del fútbol infantil
Con la creación de la Liga del Sud, que tuvo su sede en el club, se organizaron torneos infantiles de distintas categorías y el Cultural compitió en certámenes de federaciones de la provincia de Buenos Aires, de Avellaneda y de la Capital Federal. Fueron muchos los que le dedicaron horas al fútbol de los chicos, como Juan Sepúlveda, Miguel Safi, Miguel Castelli, Roque Lezcano y Serafín Álvarez. Esa misma pasión sigue viva hoy en los sábados de la Liga Deportiva de Avellaneda.
Gracias
Por el Cultural pasaron incontables colaboradores, en los deportes, en las obras, en la cultura y en la vida social. Daniel Ciampa, Rogelio Sánchez, Constante Pérez, Roberto Gianella, Francisco Morales, Héctor Rosso, Osvaldo Masselli y Luis Alonso son solo algunos de los que dejaron su esfuerzo en beneficio de chicos y grandes.
Es imposible nombrarlos a todos. Va nuestro agradecimiento a cada presidente, a cada integrante de las comisiones directivas y a quienes representaron al club en cada disciplina. Y en especial a familias como Sobrado, Rosso, Penchinatti, Masselli, Tinicolo, Ciampa, Barros, Gianella, Iparraguirre, Vales, Sánchez, Pérez, Hesse, Trezzi, Bocalandro, Villares, Bulla, Insúa, Iglesias y Romeo; a su primer presidente, Don José Cladera, y a todos los que lo sucedieron.
Gracias a ellos, el Instituto Atlético Cultural es hoy un orgullo de Sarandí.
Línea de tiempo
Un grupo de chicos de 10 a 12 años arma el equipo en el potrero donde hoy está la sede.
Se paga la primera de las 120 cuotas del terreno de la calle Belgrano.
La asamblea autoriza el trámite ante la Dirección de Personas Jurídicas.
Se otorga la personería jurídica bajo el expediente N.º 21829.
Se termina de pagar el terreno de la sede.
Pedro Domingo Iparraguirre y Jorge Barros firman la escritura en la escribanía Elesgaray de Avellaneda.
Palmarés y logros
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| 2026 | Campeonato Panamericano y clasificación a la Copa Orlando 2027 · Antonella Verdun |